Se asienta en el banquillo de los acusados uno de los mayores pederastas valencianos

Este lunes ha empezado el juicio
El acusado se posaba muy violento si los menores se negaban a mantener relaciones sexuales con él | cedida

 

ACTUALIZADO 11/11/2019 15.55 horas. Este lunes, Christian S. E. se ha sentat en el banquillo de la Audiencia Provincial de València por, presuntamente,  haber agredido y abusado sexualmente de siete menores, de una congregación religiosa del Camp de Morvedre (València), durante diferentes años. Este caso está considerado uno de los casos de pederastia más graves producidos en territorio valenciano.

 

Además, también se trata de uno de los casos donde la petición de pena del fiscal es más elevada. La Fiscalía pide para el acusado hasta 111 años de prisión, según ha avanzado 'Las Provincias'. La fiscal Mercedes Bascuñana afirma, en su escrito, que el chico, estudiando de Magisterio y mayor de edad, accedía a los menores «con la excusa de ayudarlos en los estudios» y «guiado por la finalidad de satisfacer sus obscenos deseos».

 

«Si no lo haces, ya voràs»

Por otro lado, el auto afirma que Christian se posaba muy violento cuando los menores se negaban a mantener relaciones sexuales con él: «Le obligó a que le penetrara y, ante su negativa, empezó a pegar golpes por la habitación». En otro caso, llegó a levantar un objeto con intención de agredirlo físicamente o los decía «si no lo haces, ya voràs». Hechos que la fiscal considera como una coacción clave para que los menores guardaron silencio durante tantos años. El presunto autor de los hechos, para ganarse la confianza de una de sus víctimas, le «hacía regalos de todo tipo, desde teléfonos móviles a un ordenador portátil, excursiones, viajes...».

 

Falso educador, se ganaba la confianza de los padres

Al presentarse como educador y orientador, aunque no lo era, el acusado había conseguit hacerse con la confianza de los padres de los menores, todos ellos chicos y de entre 12 y 15 años. Christian habría masturbat a los menores, los habría hecho felaciones e incluso penetraciones anales y no una vuelta, sino durante algunos años, motivo por el que la Fiscalía pide los 111 años de prisión, que finalmente no se aplicarán, puesto que el máximo se establece en el triple de la pena más grave que se lo interponga, unos 30 años. 

 

El acusado ha negado algunos hechos

El acusado ha explicado que su función en la congregación no era de educador, sino que era "una función normal, como cualquier otra persona", y ha insistido que la relación con los niños era de "colegas, de amigos", a los que le gustaba ayudar. Ha negado besos y abrazos y ha puntualizado: "Algunos niños, cuando me veían, me daban uno abraza, pero yo no los tocaba".

 

En esta línea, ha asegurado que "a veces" daba clases a algunos menores, pero porque se lo pedían los padres, no porque él se ofrecía. Estas las solía hacer en casa de los niños, o bien en el comedor o bien a la habitación. Ha dicho que, a veces, cerraba la puerta "porque los ruidos molestaban", pero no porque aprovechaba para abusar de los menores.

 

También ha explicado que acompañaba a algunos niños a la piscina. En concreto, preguntado por uno de ellos, que sufre autismo, ha manifestado que lo llevó porque se lo pidió su yaya. «Ella me pidió que lo llevara a la piscina y lo ayudara», ha dicho.

 

En esta ocasión, la Fiscalía describe un episodio de tocamiento, pero él lo niega: "No toqué a nadie. Esto no ha pasado", ha subrayado, al mismo tiempo que ha asegurado que ha ido muchas veces a casa de la yaya con los menores y ha indicado que el padre de ellos le llegó a enviar un mensaje para darle saludos de parte de los niños.

 

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