Chicote, en medio de una pelea, en el estreno de la nueva temporada de 'Pesadilla en la Cocina'

La tensión llegó a un punto de no-retorno cuando dos camareros protagonizaron una fuerte trifulga ante las cámaras
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Chicote perdió los nervios ayer en el estreno de la 7.ª temporada de 'Pesadilla en la cocina' | Cedida

 

El estreno de la nueva temporada de 'Pesadilla en la cocina'  no podía empezar de otra forma: en grande. Chicote tiene parte del cielo y la otra ganada y es que es curioso como, después de 6 temporadas que habrían provocado un infarto a cualquier otro presentador, el chef sigue a pie de cañón visitando restaurantes donde reina la hecatombe, la porquería y la mala educación. Anoche, poco varió la cosa. 

 

Chicote, esperanzado, aparca su coche y presencia la obra. Sin Ilíada ni Divina Comedia, sin Homero ni Dante Alighieri, pero con un panorama infernal en Jerez de la Frontera —con fogones incluidos— y un resultado espantoso: croquetas 'farinatas', tortillas de marisco—congeladas, por supuesto— y un afloramiento de nervios en el chef.

 

Cierto es que para aguantar el que se vio ayer en 'Pesadilla en la cocina' hay que tener un máster en impasibilidad. Desde la comida insípida, hasta la madre del propietario, que, creyéndose marquesa, prácticamente obligaba al equipo del 'Mosto Tejero' a besarle los pies. Ahora bien, el hijo, de profesión agricultor, tampoco es que quedara exempte: traje con un sombrero y un afán por el uso constante de groserías, protagonizó la máxima expresión humana del histrionismo. Era evidente que tarde o temprano, todo explotaría.

 

 

Y así fue. A pesar de que el mejor del menú fue el agua —o al menos esto dijo Chicote—, el que seguramente prefirió la audiencia fue la contienda entre los camareros, que produjo a medio capítulo, más o menos. No fue un simposio, ni por asomo, sino una pelea infructuosa y vulgar «a grito  pelao». «Para ya o ven aquí, que te joderé un 'botellazo'», le dijo Marco a Antonio, quién lo había comparado escenas antes con un profesional del circo. Una tormenta imperfecta. Chicote y el desautorizado amo del 'saloon del faro west andaluz' pudieron, gracias a su corpulencia, detener a los milhomes, que no miraron delgado todo y las cámaras.

 

Arrancada de temporada indigesta

A pesar de que estos enfrentamientos suelen ser frecuentes prácticamente en cada episodio, Chicote, agotado y visiblemente sin paciencia, dijo: «Esto no me ha pasado en la vida. No tengo palabras para el que ha pasado. Eran como dos verros». Qué inicio de temporada, de verdad. Yo, personalmente, no pude acabar el capítulo pero ni los espòilers ni la comida del 'Mosto Tejero' dejan con peor gusto de boca que el trato viste entre los dos compañeros de trabajo.

 

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